Buenas prácticas y sostenibilidad en los proyectos de solar fotovoltaica

Buenas prácticas y sostenibilidad en los proyectos de solar fotovoltaica

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El objetivo planteado por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima

2021-2030 (PNIEC) es llegar a un 74% de generación de energía eléctrica renovable en 2030. Para ello, se prevé la instalación de 59 GW de potencia renovable adicionales a los ya existentes. 

Para el caso de la solar fotovoltaica, este objetivo supone pasar de los 4.854 MW existentes en 2015 hasta los 39.181 MW en el año 2030.

Un considerable incremento que debe cumplir con la triple exigencia sobre la descarbonización para el desarrollo de plantas de generación renovable: sostenibilidad, progreso social e integración ciudadana.

Para lograr reducir emisiones hacen falta nuevas instalaciones, pero estas deben respetar lo máximo posible la biodiversidad, generar un impacto positivo y contar con el apoyo de las comunidades locales. 

Unos requisitos que la energía solar fotovoltaica puede cumplir, si cuenta con unas medidas de re-naturalización adecuadas y una buena gestión ambiental. 

Las plantas de solar fotovoltaica, tras su instalación, han mostrado una recuperación de la actividad del suelo y del equilibrio entre organismos vivos, la materia orgánica y mineral para adaptarse a las nuevas condiciones.

Según un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha (2021) sobre la integración ambiental de proyectos de plantas solares fotovoltaicas en terrenos agrícolas, el suelo de las plantas fotovoltaicas evoluciona hacia un estado intermedio de transición, entre sistemas agrarios y ecosistemas forestales, diferenciándose claramente de los cultivos herbáceos y aproximándose más a sistemas naturales estables.

Además, las instalaciones son compatibles con los usos tradicionales del territorio, como la ganadería y la apicultura, contribuyendo al sector primario y al comercio local. 

A esto hay que sumarle que, para cumplir con los objetivos de fotovoltaica establecidos en el PNIEC para 2030, solo hace falta una pequeña fracción del territorio, equivalente al 0,2% de todo el terreno cultivable de España (0,068% del terreno total), según datos del Anuario del MAPA.

Teniendo en cuenta estas características propias de las plantas fotovoltaicas y aplicando buenas prácticas en los proyectos, el despliegue de la energía solar permitirá luchar contra el cambio climático cumpliendo con los más altos estándares de sostenibilidad ambiental.

Principales impactos asociados a las plantas solares fotovoltaicas

A la hora de considerar cuáles son las buenas prácticas y medidas a implementar para la instalación de una planta solar fotovoltaica es necesario conocer los principales impactos asociados a ellas.

Una de las principales preocupaciones del desarrollo de grandes instalaciones de energía solar fotovoltaica es la alta ocupación de suelo requerida y los potenciales impactos sobre la biodiversidad que se deriven.

Según el informe de la Comisión Europea “Potential impacts of solar, geothermal and ocean energy on habitats and species protected under the birds and habitats directives” (Lammerant, et al 2020), la pérdida y degradación de hábitats representa uno de los principales impactos de este tipo de instalaciones.

Esta degradación y pérdida de hábitats afecta a las comunidades faunísticas, siendo las aves el grupo más perjudicado.

Además, las instalaciones fotovoltaicas pueden causar la reducción de la cubierta vegetal, la compactación del suelo, la reducción de la infiltración, el incremento de la escorrentía superficial, la pérdida de suelo, la reducción de la materia orgánica en el suelo, y la pérdida de la calidad del agua, entre otros.

La fragmentación del territorio y la reducción de la conectividad de los ecosistemas es otro de los impactos asociados a las plantas fotovoltaicas, cuando están formadas por hábitats abiertos, sin árboles o arbustos, y se encuentran valladas.

También hay que incluir el impacto de las líneas eléctricas aéreas de evacuación de la energía producida en las plantas sobre la mortandad de la avifauna por electrocución o colisión, y el impacto paisajístico que suponen las grandes extensiones de terreno que ocupan las instalaciones.

Estos vienen a ser los principales impactos asociados a la instalación de plantas solares fotovoltaicas existiendo otros potenciales, pero con menor conocimiento sobre su magnitud y alcance. 

En cualquier caso, estos potenciales impactos significativos van a depender de numerosos factores, entre los que se encuentran el territorio

específico donde se implante el proyecto y su diseño concreto (superficie, tecnología, análisis de alternativas, medidas preventivas y correctoras, seguimiento ambiental, etc.). 

La evaluación de impacto ambiental para cada proyecto permite determinar los impactos concretos de cada planta solar fotovoltaica y el tratamiento más adecuado para evitarlos o minimizarlos.

Guía de mejores prácticas para proyectos de solar fotovoltaica

Para propiciar el desarrollo de proyectos de solar fotovoltaica mejor integrados social y ambientalmente, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) ha publicado la Guía de mejores prácticas para el desarrollo de plantas solares.

Esta guía incluye la metodología a seguir para que el desarrollo fotovoltaico siga los principios de creación de valor compartido y una relación de medidas ambientales, sociales y de gobernanza.

El objetivo de esta guía frente a los impactos asociados a las plantas de energía solar fotovoltaica es hacer que las instalaciones “pasen desapercibidas”. Es decir, se pretende lograr que no supongan la fragmentación del territorio, respeten los cursos naturales del agua, se fomente la presencia de especies (flora y fauna) propios del entorno con el apoyo de infraestructuras como balsas, refugios, etc.

Además, se recomienda llevar a cabo el mínimo movimiento de los suelos, evitar el uso de herbicidas y la alteración de las capas fértiles de los mismos. 

Así, las áreas donde se sitúa la instalación pueden ser usadas para pastoreo y actividades ganaderas.

Ante el potencial impacto visual de las plantas fotovoltaicas, las recomendaciones proponen la utilización de islas arbustivas de variedades autóctonas para mitigarlos.

Además, la guía hace una invitación a que los desarrolladores que se encuentren en proximidad trabajen conjuntamente en el análisis del entorno y las medidas ambientales que reduzcan el impacto de sus proyectos solares, y recomienda optar por la contratación de personal y suministradores locales, así como por la integración de colectivos con dificultades de inserción laboral mediante iniciativas formativas en conjunción con los ayuntamientos.

Valle Solar como modelo de buenas prácticas y sostenibilidad

El proyecto de planta solar fotovoltaica Valle Solar, diseñado y promovido por Genia Solar Energy, para los municipios de Zarra y Jarafuel (Valencia), es un ejemplo que sirve como referente de buenas prácticas y sostenibilidad, al producir el menor impacto ambiental y paisajístico posible y generar sinergias con las actividades económicas de la población local, compartiendo el uso del suelo con actividades agroganaderas, apícolas y de emprendimiento.

Además, el proyecto ha superado la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) en el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, siendo el primer proyecto de estas características en conseguirlo para la Comunidad Valencia.

Valle Solar ha sido declarado proyecto de carácter estratégico y prioritario de inversión por la Generalitat Valenciana, y representa un modelo de proyecto energético sostenible y ético para hacer frente al cambio climático y a la transición energética justa. 

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